23 enero
Exceso de datos personales en la las redes sociales

Exceso de datos personales en la las redes sociales

Comunidades




Ha sido brutal el cambio que ha experimentado Internet en muy poco tiempo. Recordamos las leyendas urbanas de: “no subas ninguna foto tuya a Internet que luego la utilizan para otras cosas, y las manipulan”, “no escribas tu nombre verdadero que te vacían la tarjeta de crédito” (vale, parte de eso era verdad, pero no tan exagerado). El pánico que existía a lo desconocido y la necesidad de los usuarios de antaño de ocultarse para ser otro en la red fomentó el uso de elementos ahora menos frecuentes como los avatares o los nicks.

Ahora vemos redes sociales en la que los usuarios no sólo dan su nombre y apellidos sino también su dirección de correo electrónico, su teléfono, su CV, y hasta su dirección física a través de una mash-up. Añaden fotos suyas, de sus vacaciones, de sus amigos, incluso de sus hijos (aun siendo menores de edad).

También fuera del mundo virtual la fórmula televisiva de más éxito son los reality shows donde podemos ver la vida en directo de las personas y la gente se pega por concursar en ellos.

Observar y ser observado, el exhibicionismo es el síndrome de nuestra época.

Esa afición ha sido aprovechada por las últimas redes sociales y sin duda ha sido clave en el éxito de las mismas. Como decía, el usuario ha experimentado una catarsis brutal en cuanto a su privacidad y pudor. Parte de este cambio creo que es positivo en Internet, hay que quitarse un poco de miedo y ver que por sí solo no es un medio de comunicación peligroso.

Al que trabaja detrás de las comunidades le interesa mucho ese “exhibicionismo”, qué duda cabe. El usuario calma esa necesidad de ser observado mediante las múltiples herramientas que proporcionan las páginas actuales. El usuario al que le gusta observar ha encontrado un lugar más interesante en Internet al poder ver más de la gente de lo que antes podía ver. Por tanto estamos atrayendo a ambos públicos y sabemos cómo sacar partido de ambas necesidades, y eso que aún quedan más posibilidades de exhibicionismo por explotar.

Dicho así suena todo bastante mal. Unos usuarios parecen peligrosos voyeur que miran a través de una mirilla a otros usuarios ansiosos de ser el centro del universo, y los que trabajamos detrás movemos las marionetas a placer. Pero en nuestra opinión, esta es la forma más “barata” de verlo.

La otra visión es que las redes sociales son un medio de comunicación útil y necesario donde muchas personas que quieren ser escuchadas lo son, donde otras que necesitan encontrar un buen trabajo en un mundo laboral muy competitivo lo encuentran o al menos lo intentan buscando buenos contactos, donde tus amigos ven cómo has cambiado con los años, o donde, en definitiva, la gente intenta encontrar lo que busca mientras se relaciona con otros.

Y los que trabajamos en comunidades sólo intentamos que ese lugar de encuentro entre tantos otros de la red sea justo el lugar en el que esos usuarios se quieren quedar para encontrar lo que buscan.

Esta visión que puede parecer utópica para algunos, creo que es la visión que debemos tener quienes trabajamos en esto. La otra la dejamos para aquellos que constantemente critican las redes sociales empañando su imagen ante quienes no las conocen o aún no se deciden a entrar en una.

Tengo los pies en el suelo y, como hemos dicho al principio, esta es la parte “bonita” de ese exhibicionismo on-line, la parte que a nosotros nos permite trabajar y a los que participan pasárselo bien.

La otra parte es la de ese exceso de datos que proporcionamos a la red. Ese exceso puede provocar disgustos.

Leer constantemente noticias relacionadas con la falta de privacidad de las redes sociales y los peligros que conllevan no es buena señal ni para los usuarios ni para nosotros. Creo que esto es más bien un “boom” provocado por la novedad de este tipo de canal de comunicación. Pero es justo en este momento cuando debemos poner las soluciones sobre la mesa para evitar que la reacción sea cortar por lo sano.

Lo primero y más importante es que, como ya comentabamos, han sido más bien las últimas comunidades las que han provocado parte de este peligro al permitir la entrada de tantos elementos que desnudan nuestra intimidad ante el resto de usuarios. No es necesario que una comunidad las utilice para que funcionen.

Corremos el peligro de que las páginas vayan hacia atrás en vez de hacia delante, pero el problema es confundir “hacia delante” con que todo el mundo conozca hasta tu talla de ropa.

Encontrar el equilibrio es labor de cuantos vivimos en la red.

Respecto a los que trabajamos en ella: ser claros en todo lo que se refiere al uso de la página, privacidad, denuncia, visibilidad e incluso “posibles” riesgos.

Es increíble que siga habiendo páginas en las que darte de baja requiera casi un burofax y el usuario no tenga claro qué pasa con sus datos. Ha habido páginas en las que he acabado desistiendo en mi empeño por modificar mis opciones de privacidad y visibilidad.

Ser claros, muy claros! Si bien la nueva tendencia del usuario es el exhibicionismo, la de las comunidades debería ser la claridad. Es un servicio como cualquier otro y deberíamos olvidarnos de ese antiguo pensamiento, ese miedo a que abandonen nuestra página si ponemos a la vista el botón “darse de baja”, o si decimos lo riesgos que corren al poner determinados datos. Orientar en el buen uso de la página y aconsejar a los usuarios siempre ha sido parte del trabajo del community manager y ahora debería ser más intenso que nunca, así como hacerles partícipes de nuevo en el cuidado de este servicio, no dejarles meros clientes.

Respecto a los que usamos las redes: Ser más cautos en el uso de las mismas. Una cosa es no tener miedo a Internet y otra muy distinta es dejar cualquier dato personal al alcance de todo el mundo. Si somos cuidadosos en esto en el mundo off-line, ¿por qué no lo somos en el on-line?

Debemos intentar leer más las condiciones de un servicio así como conocer el uso que van a hacer los dueños del mismo con nuestros datos. Y sobre todo tener mucho cuidado con la configuración de las opciones de privacidad y visibilidad de nuestros perfiles. ¿Queremos que nuestro jefe vea las fotos de la última borrachera que nos pillamos?, ¿quiere un padre que cualquier individuo vea fotos de sus hijos pequeños?

Hacemos estas preguntas porque hemos oído ya muchas frases tipo: “me voy a dar de bajar porque todo dios sabe lo que hago”. Pues sepamos que está también en nuestra mano como usuario decidir que ese “todo dios” sea al final sólo la gente que queremos y que verán sólo lo que nosotros queremos que vean.

Buscar el equilibrio es cosa de todos, y cuanto antes mejor.


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